jueves, 1 de diciembre de 2016

El libro de las brujas (Katherine Howe, ed.)

31914098Título original: The Penguin Book of Witches
Año de publicación: 2014

Sinopsis: Casos de brujería en Inglaterra y en las colonias norteamericanas (1582-1813). Katherine Howe, profesora de la Universidad de Cornell y descendiente de tres brujas acusadas en los juicios de Salem de 1692, ha recogido en este libro un gran número de documentos relacionados con la brujería y los procesos por brujería desde finales del siglo XVI hasta principios del XIX. Empezando por un juicio en Inglaterra contra una mujer acusada de causar la muerte de un bebé y de su cuñada, porque ésta la llamó «puta y bruja», sigue con la Demonología del rey Jacobo I, muy activo en la persecución de la brujería y responsable de una ley que dictaría el modelo judicial no solo en Inglaterra sino en las colonias norteamericanas. El pánico de Salem, que llevó a la horca a veinte personas (catorce de ellas mujeres), no fue una anomalía sino la consecuencia de un largo proceso de tipificación de la figura de la bruja y de su castigo por poner en peligro la fe y la cohesión de la comunidad. Pruebas de flotación (sumergir a la «bruja» en agua, atada, para ver si se hundía o no), pruebas «espectrales» (visiones o sueños a los que se daba validez jurídica) o la enigmática «teta de bruja» (que podían tener hombres y mujeres en cualquier parte del cuerpo) se unieron a acusaciones en que la mera palabra del afectado bastaba para certificar un maleficio. El libro de las brujas repasa uno de los períodos más oscuros de la historia a través de una galería de hechos y personajes escalofriante.

Mi opinión: Es un libro muy interesante y esclarecedor sobre el tratamiento de la brujería a lo largo del tiempo. Se centra, concretamente, entre el año 1582 y el 1813. No es una novela (lo digo porque me he topado con gente que cree que lo es); es una recopilación cronológica de transcripciones de interrogatorios, juicios, testimonios y otras diversas crónicas relacionadas con los casos de brujería más sonados en esa etapa en Inglaterra y las colonias norteamericanas. En ocasiones los textos son densos, contundentes y, obviamente, emplean lenguaje jurídico, pero son exposiciones y capítulos muy cortos, lo que hace del libro un manual de lectura fácil por su estructura.

Se divide en cuatro partes: la primera nos pone en situación sobre la figura de la bruja y sus primeras apariciones, ya en la Biblia. También se incluye un fragmento de "Demonología", del rey Jacobo I (ferviente defensor de la caza de brujas), y se exponen algunos casos de brujería en la Inglaterra del siglo XVI. La segunda parte incluye los primeros juicios ya en las colonias inglesas norteamericanas; la tercera parte se centra en uno de los episodios más destacados de la historia de la brujería: Salem (1692), donde fueron juzgadas y ejecutadas por un mismo caso veinte personas (catorce de ellas mujeres); y la cuarta parte trata sobre lo que pasó después de Salem, con teorías de personas cercanas a estos hechos, disculpas de los jueces, y también podemos ver cómo fue evolucionando el juicio por brujería después de 1692, hasta acabar quedando relegado al más inofensivo folklore tan solo cien años después.

Por ponerle una pega diría que el libro tiene algunas lagunas, que son más evidentes en el apartado de Salem. Conocía bastante de este episodio, pero no por ello quería darlo por hecho, y he podido notar que en "El libro de las brujas" no habría estado de más incluir alguna información más acerca del proceso, porque para quien no conozca nada sobre el caso se va a quedar con una sensación de vacío. La autora escribe una pequeña introducción antes de cada interrogatorio o testimonio concreto, nos pone en situación y nos cuenta muchas curiosidades de la época, pero es cierto que sabe a poco.

Pero en general me ha gustado mucho, me ha parecido un documento muy esclarecedor que reafirma mi teoría de que en este tipo de casos había mucho malentendido, conspiración, encerrona, fingimiento, pánico extendido, sugestión, mentiras, rencillas entre vecinas y vecinos, envidia... pero muy poca, o más bien ninguna, brujería. Pero era más fácil acusar a los demás de ser amigos del Diablo en esta época de miedo y fervor religioso. Es escalofriante pensar lo que debió suponer para las acusadas pasar por el trance de ser tachadas de brujas, juzgadas, revisado su cuerpo al mínimo detalle (en una época de puritanismo) y, finalmente, ejecutadas, cuando en realidad no habían hecho ningún pacto con el Diablo. ¿Qué pasaría por sus cabezas? ¿Confesaron por extorsión o porque se rindieron? ¿O tal vez alguna acabó por perder la cabeza en el proceso? Cuantísima barbaridad e ignorancia ha cubierto al ser humano desde el principio de los tiempos, qué cantidad de atrocidades se han cometido y se cometen en nombre de una idea y una religión. Es repugnante que tantas mujeres y hombres hayan muerto con miedo, con su nombre y memoria ensuciados con las palabras "bruja" y "hechicero" con connotación diabólica, cuando lo más que hacían era servirse de algunas hierbas medicinales y remedios naturales o, simplemente, nada.